Acto I
Estación Urquinaona, una tarde de Abril de 2001, ¿15 hs.?
Estoy a punto de descender hacia el trasbordo de la línea 4 (groga para los amigos) y un hombre me habla desde su silla de ruedas.
- ¿Me ayudarías a bajar las escaleras?
- Encantado.
Acto II
Cerca de la Barceloneta, horas después, ya de madrugada.
Creyendo ir a Guinardó, me subo al N6 que va en dirección contraria. Maldiciendo, desciendo, cruzo y espero unos cuarenta minutos hasta que llega el correcto. Subo. Pasan unos minutos. El mismo hombre de la estación de metro pregunta:
- ¿Me ayudarías a bajar, por favor?
15.5.07
13.5.07
12.5.07
Te dije que no es una cítara
Cuando salgo con el estuche del sitar a la calle llama la atención por su forma y sobre todo por su tamaño. Ya el sitar es grande, pero el estuche debe tener 135 centímetros de alto.
El sitar no es especialmente pesado, pero todo su peso está equilibrado en un solo lado. Es difícil frenarlo de golpe al girar, por ejemplo. Siempre me divierto con la expresión en los rotros de aquellos que lo divisan. Algunos como tratando de adivinar; otros con los ojos bien abiertos como si llevara una bazuca; algunos otros demostrando satisfacción, en clara y muda indicación de que saben el contenido del estuche. Digamos que la indiferencia no es usual.
Mientras lo llevo suelo escuchar frases del tipo "¿Qué es eso, má? o "Mirá, boludo, mirá".
Víctima de una extrema curiosidad, una vez se acercó una señora a preguntarme qué era lo que llevaba ahí. Durante un segundo pensé en decirle que era mi abuela y la estaba llevando al hospital, pero decliné mi instinto y le conté la verdad.
Subir al 71 en Triunvirato y Pedraza para bajar en Corrientes y Medrano en hora pico es un acto que suscita complicaciones de calibre mediano: ni enormes ni insignificantes, pero bastante rompepelotas.
El ancho de la base del objeto propiamente dicho es suficiente como para no caber entre dos personas que están opuestas por sus espaldas en el pasillo del vehículo. Sobre todo si son esos bondis nuevos que están hechos para aeropuertos japoneses, no para cargar setenta devoradores de dietas hipercalóricas sudamericanas y llevarlas desde Villa Adelina hasta Plaza Miserere.
Cuando uno permite que las damas asciendan primero y el chofer lleva prisa, trepar con semejante artefacto y sólo pudiendo utilizar una mano, confirma la aventura del transporte público porteño. Intento imaginar qué clase de aguafuerte escribiría Arlt si pudiera ver la escena.
Dado el ancho conflictivo anteriormente descrito, el adquirir ubicación y el posterior descenso son tareas que requieren de múltiples habilidades para sortear los inconvenientes que se generan: paciencia para hablar con la gente; nervios de acero para tratar con quienes son descorteces; equilibrio para mantenerse de pie en los momentos mas difíciles; fuerza para sostenerse en posiciones yoguísticas; reflejos para reaccionar ante las frenadas y sobre todo la capacidad de hacer todo esto a la vez. La experiencia me lo indica: corre peligro la salud de aquél que intente la travesía sin tener un poco de todo esto.
Si uno es bendecido con la gracia de viajar sentado, tiene garantizado el entretenimiento durante el resto del trayecto. No es poca cosa evitar que otros pasajeros golpeen el estuche o se apoyen en él. El instrumento es sumamente delicado y como podrá imaginarse, si el dinero no me alcanza para hacer estos viajes en taxi, menos me va a alcanzar para tener un estuche como la gente, de esos que se ven en la televisión de Calcuta. Por otro lado, el viajar en taxi no es siempre una solución. Si el coche no es grande el bicho no entra.
A nadie le gusta que lo corrijan. Hay una cuestión que preciso exponer, dada la cantidad de veces que se confunde una vaca con un globo. Existe una confusión generalizada respecto del sitar: está lleno de gente que le dice cítara. Nada más equivocado.
La cítara (foto de la derecha) es otro instrumento, mucho más antiguo, que al parecer adquiere su máxima popularidad entre la población germana de los alpes europeos. Según la wikipedia in english, la más antigua que se conoce fue encontrada en la tumba de un marqués chino del siglo V antes de cristo.
En cambio el sitar (foto de la izquierda) es un poco más reciente, del siglo XIII. Tanto en la India como en Pakistan proliferan los sitaristas. Buena parte de la música tradicional de esos países es impensable sin sitares.
Comenzó a ser ampliamente difundido en occidente gracias a George Harrison y Ravi Shankar. Mi teoría acerca del orígen de esta confusión es que la palabra sitar se ha traducido al castellano como cítara en discos y en revistas y en libros, y la gilada como siempre lee y repite.
Hablando en serio, pongámonos un momento en el lugar del traductor. En la edición actual del diccionario de la RAE no existe la palabra sitar. Existe la palabra cítara, que define al instrumento de la primer foto, y el pobre traductor no tiene la obligación de saber otras cosas además de traducir.
El peligro es que el uso popular legitime la traducción de sitar como cítara, y que la Real y flexible Academia incluya este escandaloso pifie en la próxima edición de su diccionario, como es su costumbre con palabras como consensuar, institucionalizar o racincludeavellané, por citar algunas.
Por eso mi misión como sitarista aficionado es defender la causa del lenguaje bien utilizado, gozando de un encuentro excepcional entre dos materias que me apasionan, que son la música y la lectura del castellano.
Terminar lo que uno escribe diciendo "Pero ese es otro tema" es una pelotudez. Pero eso es otro tema.
El sitar no es especialmente pesado, pero todo su peso está equilibrado en un solo lado. Es difícil frenarlo de golpe al girar, por ejemplo. Siempre me divierto con la expresión en los rotros de aquellos que lo divisan. Algunos como tratando de adivinar; otros con los ojos bien abiertos como si llevara una bazuca; algunos otros demostrando satisfacción, en clara y muda indicación de que saben el contenido del estuche. Digamos que la indiferencia no es usual.
Mientras lo llevo suelo escuchar frases del tipo "¿Qué es eso, má? o "Mirá, boludo, mirá".
Víctima de una extrema curiosidad, una vez se acercó una señora a preguntarme qué era lo que llevaba ahí. Durante un segundo pensé en decirle que era mi abuela y la estaba llevando al hospital, pero decliné mi instinto y le conté la verdad.
Subir al 71 en Triunvirato y Pedraza para bajar en Corrientes y Medrano en hora pico es un acto que suscita complicaciones de calibre mediano: ni enormes ni insignificantes, pero bastante rompepelotas.
El ancho de la base del objeto propiamente dicho es suficiente como para no caber entre dos personas que están opuestas por sus espaldas en el pasillo del vehículo. Sobre todo si son esos bondis nuevos que están hechos para aeropuertos japoneses, no para cargar setenta devoradores de dietas hipercalóricas sudamericanas y llevarlas desde Villa Adelina hasta Plaza Miserere.
Cuando uno permite que las damas asciendan primero y el chofer lleva prisa, trepar con semejante artefacto y sólo pudiendo utilizar una mano, confirma la aventura del transporte público porteño. Intento imaginar qué clase de aguafuerte escribiría Arlt si pudiera ver la escena.
Dado el ancho conflictivo anteriormente descrito, el adquirir ubicación y el posterior descenso son tareas que requieren de múltiples habilidades para sortear los inconvenientes que se generan: paciencia para hablar con la gente; nervios de acero para tratar con quienes son descorteces; equilibrio para mantenerse de pie en los momentos mas difíciles; fuerza para sostenerse en posiciones yoguísticas; reflejos para reaccionar ante las frenadas y sobre todo la capacidad de hacer todo esto a la vez. La experiencia me lo indica: corre peligro la salud de aquél que intente la travesía sin tener un poco de todo esto.
Si uno es bendecido con la gracia de viajar sentado, tiene garantizado el entretenimiento durante el resto del trayecto. No es poca cosa evitar que otros pasajeros golpeen el estuche o se apoyen en él. El instrumento es sumamente delicado y como podrá imaginarse, si el dinero no me alcanza para hacer estos viajes en taxi, menos me va a alcanzar para tener un estuche como la gente, de esos que se ven en la televisión de Calcuta. Por otro lado, el viajar en taxi no es siempre una solución. Si el coche no es grande el bicho no entra.
A nadie le gusta que lo corrijan. Hay una cuestión que preciso exponer, dada la cantidad de veces que se confunde una vaca con un globo. Existe una confusión generalizada respecto del sitar: está lleno de gente que le dice cítara. Nada más equivocado.La cítara (foto de la derecha) es otro instrumento, mucho más antiguo, que al parecer adquiere su máxima popularidad entre la población germana de los alpes europeos. Según la wikipedia in english, la más antigua que se conoce fue encontrada en la tumba de un marqués chino del siglo V antes de cristo.
En cambio el sitar (foto de la izquierda) es un poco más reciente, del siglo XIII. Tanto en la India como en Pakistan proliferan los sitaristas. Buena parte de la música tradicional de esos países es impensable sin sitares.Comenzó a ser ampliamente difundido en occidente gracias a George Harrison y Ravi Shankar. Mi teoría acerca del orígen de esta confusión es que la palabra sitar se ha traducido al castellano como cítara en discos y en revistas y en libros, y la gilada como siempre lee y repite.
Hablando en serio, pongámonos un momento en el lugar del traductor. En la edición actual del diccionario de la RAE no existe la palabra sitar. Existe la palabra cítara, que define al instrumento de la primer foto, y el pobre traductor no tiene la obligación de saber otras cosas además de traducir.
El peligro es que el uso popular legitime la traducción de sitar como cítara, y que la Real y flexible Academia incluya este escandaloso pifie en la próxima edición de su diccionario, como es su costumbre con palabras como consensuar, institucionalizar o racincludeavellané, por citar algunas.
Por eso mi misión como sitarista aficionado es defender la causa del lenguaje bien utilizado, gozando de un encuentro excepcional entre dos materias que me apasionan, que son la música y la lectura del castellano.
Terminar lo que uno escribe diciendo "Pero ese es otro tema" es una pelotudez. Pero eso es otro tema.
10.4.07
Pelea Callejera
El pasado de mi perro está signado por la más absoluta de las oscuridades. Como fue recogido de la calle ya teniendo dos años o más, su procedencia es un misterio. Lo único que se sabe es que al momento de ser adoptado, había caminado grandes distancias: lo dijo la veterinaria que lo revisó, al ver sus uñas gastadas casi hasta la carne misma.Es muy probable que haya parado durante un tiempo en algún taller mecánico, porque llevaba suciedad de grasa automotriz adquirida en tiempos anteriores. Me sedujo confirmar esta hipótesis observar que no tiene ningún reparo en subir, con toda confianza, a cualquier coche que abra sus puertas cerca de él. Tal vez lo hayan abandonado en la ruta, quién sabe. Tal vez venga del Uruguay. ¿Madagascar? Tal vez.
De todos modos, éste fue un hábito que declinó con el tiempo, así como el de clavarse en las bolsas de basura buscando alimentarse. Pero algo que jamás logré evitar es que ataque a otros perros de su mismo sexo: hasta hoy, atacó a todos los machos que le pasaron cerca, excepto a uno cuyo dueño vende diarios en Pedraza y Triunvirato.
Para ser un perro de su tamaño -mediano tirando a chico- es un gran peleador. A veces creo que no es consciente de su tamaño, pero lo cierto es que generalmente los perros grandes son perros de raza, criados en hogares pacíficos, y los perros callejeros no están lo suficientemente bien alimentados como para hacerle el aguante. Yo odio que se pelee, todos estos comentarios los hago a modo descriptivo... de hecho no lo dejo suelto en la calle a menos que no vea otros perros alrededor.
Una sola vez salió lastimado, fue hace pocos meses y con un perro por el que yo no habría dado dos pesos. Encima era de otra cuadra. Le quedaron tres o cuatro heridas que parecieron doler bastante durante un par de semanas.
En una oportunidad me distraje y advertí a último momento su actidud corporal: estaba avalanzándose sobre un salchicha de edad avanzada que tenía una especie de poncho a cuadritos en el lomo. Al igual que el propietario de la víctima, corrí hacia ellos. El salchicha se defendía con ferocidad, tenía experiencia. Era difícil separarlos, tal la velocidad y el enmarañamiento, la confusión de gruñidos feroces y el peligro de meter la mano.
Lo logré. De repente pude alzarlo y ponerle la correa, previa tajante reprimenda. El hombre del salchicha hizo lo suyo. Mientras me acercaba a pedirle disculpas, escuché que le decía a su mascota:
- Estás loco, no ves que sos más chiquito, te van a matar un día de estos...
- Disculpemé -interrumpí- no lo ví, no llegué a tiempo, ¿está bien el perro?
- Sí, pibe, no te preocupes, son perros, qué le vas a hacer
- Ta, ta bien, disculpe igual, buenas noches
- Chau, pibe, chau
El hombre del salchicha seguía hablando con su perro. Caminé unos pasos y supongo que creyó que no escucharía. Bah, tal vez ni le importaba. En voz muy baja, acariciando afectuosamente al animal, dijo, orgulloso:
- ¡Le ganaste!
27.3.07
Trabajos
Este mes estoy festejando diez años de vida laboral y se me ocurrió enumerar todas las tareas por las que fui remunerado en alguna oportunidad. Algunas de ellas las hice varias veces, pero no van a estar repetidas y su orden intentará -solo intentará- ser cronológico.
Bueno, ahí va:
Las actividades ilegales fueron omitidas adrede, aunque quizás me olvide de algo.
En los últimos tres años y medio me dediqué exclusivamente a tocar la guitarra y a la confección de sitios web.
Pero lo que quiero verdaderamente, mi sueño más profundo, es tocar la guitarra todo el día y que la gente se enamore de mi voz.
Bueno, ahí va:
- Camarero
- Quiosquero
- Vendedor callejero
- Técnico de sonido en vivo
- Técnico de grabación y edición de sonido
- Locutor
- Productor radiofónico
- Músico
- Actor
- Extra publicitario
- Jurado en bienal internacional de radio
- Obrero
- Repartidor de volantes
- Ayudante de cocina
- Asistente de producción (TV)
- Artesano
- Barman
- Músico callejero
- Diseñador gráfico
- Diseñador web
- Programador
- Encargado de bar
- Encuestador telefónico
- Encuestador callejero
- Productor de espectáculos
- Modelo de peluquería
- Vendedor de merchandising oficial en giras de diferentes músicos
- Conejillo de indias (testeador de productos dermatológicos)
- Profesor particular
- Atención al público en locales comerciales
Las actividades ilegales fueron omitidas adrede, aunque quizás me olvide de algo.
En los últimos tres años y medio me dediqué exclusivamente a tocar la guitarra y a la confección de sitios web.
Pero lo que quiero verdaderamente, mi sueño más profundo, es tocar la guitarra todo el día y que la gente se enamore de mi voz.
17.3.07
Coincidencia III
Del diccionario de lunfardo Lexicon:
afanar.
Ya conocen el juego:
Primer fragmento: "La Rumba de Barcelona", de Manu Chao*.
Segundo: "La Murga de Panamá", de Willy Colón y Héctor Lavoe**.
¡Gracias por participar nuevamente!
* 13242, VIRGIN, (C) 2002
** FANIA 399, FANIA RECORDS, (C) 1972
afanar.
(lunf.) Estafar (AD.); apropiarse clandestinamente o por fuerza de lo ajeno (JAS.); // engañar (JAS.); // aprovecharse de la bondad, confianza o ingenuidad de una persona (LCV.); // robar, sustraer; hurtar; no dar el peso exacto al vender mercaderías// tomar dichos ajenos y darlos como propios // cobrar más de lo debido // ganar por amplio margen en un deporte; aventajar a otro en una competencia deportiva.
Ya conocen el juego:
Primer fragmento: "La Rumba de Barcelona", de Manu Chao*.
Segundo: "La Murga de Panamá", de Willy Colón y Héctor Lavoe**.
¡Gracias por participar nuevamente!
* 13242, VIRGIN, (C) 2002
** FANIA 399, FANIA RECORDS, (C) 1972
10.3.07
Test
Hace varios días me está pasando algo bastante curioso. Sucede que escucho en mi casa un sonido muy agudo, que oscila levemente, muy parecido a un sonido que producen los televisores cuando están encendidos. De hecho, hasta hace una semana escuchaba el mismo sonido pero más lejos, creyendo que era un televisor, y no me generaba mayor molestia. Pero de repente subió de volúmen y por momentos es desquiciante, sobre todo cuando intento dormir.
Lo peor de todo es que nadie lo escucha excepto yo. Mi novia no lo escucha, mi viejo tampoco, los vecinos tampoco. Sucede que a medida que pasan los años y dependiendo de varios factores, el sistema auditivo se va deteriorando y entre otras cosas, escuchamos cada vez menos agudos. Como la frecuencia del sonido que escucho es realmente alta y la pérdida de audición no se da igual en todos los casos, asumo que algo que no es mi mente está provocando el sonido.
Lo primero que hice fue cortar la corriente eléctrica de mi casa para ver si estaba durmiendo con el enemigo pero no, venía de afuera. Dos de las paredes de mi habitación lindan con otros ambientes de la casa; la tercera con la habitación de un matrimonio octogenario y la cuarta con el pasillo de un edificio de tres pisos que no tiene portero.
Tratando de imaginar qué puede haber en estos lugares capaz de emitir una frecuencia tan aguda, se me ocurrieron dos cosas:
1) quizás fuera un ahuyentador de ratas, murciélagos, mosquitos o cucarachas
2) una estrategia de algún vecino que me odia para hacerme mudar de casa. Una vez vi en Reality TV unos chabones que se dedicaban a instalar aparatos emisores de ultrasonido para hacer renunciar a empleados de empresas que necesitaban prescindir de ellos sin pagarles la indemnización correspondiente. Sucede que a pesar de no escucharlo, o no escucharlo del todo, estar expuesto a una emisión de sonido a cierto volumen puede ser una experiencia muy desagradable. Funciona igual que con la luz: uno no ve la luz ultravioleta, pero exponerse a ella en lapsos extendidos puede ser muy malo.
Descartando la segunda opción, me di cuenta que desde hace un tiempo no hay mosquitos por casa, así que fui a preguntarle a mi vecina si había puesto el aparato de la opción 1. Le expliqué detenidamente mi situación, pero creo que asumió que tengo problemas mentales. En el edificio de al lado no conozco a nadie, y no se si ponerme a tocar timbre por timbre para contarles que escucho una frecuencia que está en el umbral de la audición humana y necesito que saquen un aparato que ni siquiera se si existe.
Investigando por internet, descubrí algunas cosas:
- Si hubiera un cartel de neón enorme en las cercanías inmediatas, ese podría ser el problema.
- Los otorrinolaringólogos son ignorantes.
- Los estudiantes de niveles inicial y medio abusan de la tecnología. No se imaginan el furor que está haciendo el mosquito ringtone.
- Howard Stapleton es una mala persona.
- Es probable que tenga una lesión cerebral provocada por el estrés o una lesión auditiva provocada por la exposición a fuentes acústicas de gran volumen.
Así que bien. Mientras descubro de qué se trata, demuestro mi cordura y recupero la tranquilidad, quiero ver cuánto escuchan ustedes:
- 10 KHz
- 11 KHz
- 12 KHz
- 13 KHz
- 14 KHz
- 15 KHz
- 16 KHz
- 17 KHz
- 18 KHz
- 19 KHz
- 20 KHz
- 21 KHz
- 22 KHz
Deséenme suerte.
Lo peor de todo es que nadie lo escucha excepto yo. Mi novia no lo escucha, mi viejo tampoco, los vecinos tampoco. Sucede que a medida que pasan los años y dependiendo de varios factores, el sistema auditivo se va deteriorando y entre otras cosas, escuchamos cada vez menos agudos. Como la frecuencia del sonido que escucho es realmente alta y la pérdida de audición no se da igual en todos los casos, asumo que algo que no es mi mente está provocando el sonido.
Lo primero que hice fue cortar la corriente eléctrica de mi casa para ver si estaba durmiendo con el enemigo pero no, venía de afuera. Dos de las paredes de mi habitación lindan con otros ambientes de la casa; la tercera con la habitación de un matrimonio octogenario y la cuarta con el pasillo de un edificio de tres pisos que no tiene portero.
Tratando de imaginar qué puede haber en estos lugares capaz de emitir una frecuencia tan aguda, se me ocurrieron dos cosas:
1) quizás fuera un ahuyentador de ratas, murciélagos, mosquitos o cucarachas
2) una estrategia de algún vecino que me odia para hacerme mudar de casa. Una vez vi en Reality TV unos chabones que se dedicaban a instalar aparatos emisores de ultrasonido para hacer renunciar a empleados de empresas que necesitaban prescindir de ellos sin pagarles la indemnización correspondiente. Sucede que a pesar de no escucharlo, o no escucharlo del todo, estar expuesto a una emisión de sonido a cierto volumen puede ser una experiencia muy desagradable. Funciona igual que con la luz: uno no ve la luz ultravioleta, pero exponerse a ella en lapsos extendidos puede ser muy malo.
Descartando la segunda opción, me di cuenta que desde hace un tiempo no hay mosquitos por casa, así que fui a preguntarle a mi vecina si había puesto el aparato de la opción 1. Le expliqué detenidamente mi situación, pero creo que asumió que tengo problemas mentales. En el edificio de al lado no conozco a nadie, y no se si ponerme a tocar timbre por timbre para contarles que escucho una frecuencia que está en el umbral de la audición humana y necesito que saquen un aparato que ni siquiera se si existe.
Investigando por internet, descubrí algunas cosas:
- Si hubiera un cartel de neón enorme en las cercanías inmediatas, ese podría ser el problema.
- Los otorrinolaringólogos son ignorantes.
- Los estudiantes de niveles inicial y medio abusan de la tecnología. No se imaginan el furor que está haciendo el mosquito ringtone.
- Howard Stapleton es una mala persona.
- Es probable que tenga una lesión cerebral provocada por el estrés o una lesión auditiva provocada por la exposición a fuentes acústicas de gran volumen.
Así que bien. Mientras descubro de qué se trata, demuestro mi cordura y recupero la tranquilidad, quiero ver cuánto escuchan ustedes:
- 10 KHz
- 11 KHz
- 12 KHz
- 13 KHz
- 14 KHz
- 15 KHz
- 16 KHz
- 17 KHz
- 18 KHz
- 19 KHz
- 20 KHz
- 21 KHz
- 22 KHz
Deséenme suerte.
Coincidencia II (o denuncia de plagio encubierta)
Del diccionario de la Real Academia Española:
coincidir.
Hoy les propongo un juego. Se trata de emitir un dictamen: hay que escuchar dos brevísimos fragmentos de audio y decir si la similitud se trata de azar o no. Clic en el título de cada tema para escuchar.
El primer fragmento es del tema "El Árbol de la Plaza", de Vicentico*.
El segundo, de "Hacha y Machete", de Héctor Lavoe**.
¡Gracias por participar!
* 8869 703229-2, SONY BMG MUSIC ENTERTAINMENT GROUP, (C) 2006
** FANIA 492, FANIA RECORDS, (C) 1976
coincidir.
(De co- y el lat. incidĕre, caer en, acaecer). [...]
3. intr. Dicho de una cosa: Ajustarse con otra, confundirse con ella, ya por superposición, ya por otro medio cualquiera. [...]
Hoy les propongo un juego. Se trata de emitir un dictamen: hay que escuchar dos brevísimos fragmentos de audio y decir si la similitud se trata de azar o no. Clic en el título de cada tema para escuchar.
El primer fragmento es del tema "El Árbol de la Plaza", de Vicentico*.
El segundo, de "Hacha y Machete", de Héctor Lavoe**.
¡Gracias por participar!
* 8869 703229-2, SONY BMG MUSIC ENTERTAINMENT GROUP, (C) 2006
** FANIA 492, FANIA RECORDS, (C) 1976
7.3.07
Una mudanza más
Me estoy pasando a blogger, bitacoras.com es una basura: intente acceder a mi blog haciendo clic en este enlace. Si logra entrar, intente navegarlo y entenderá de qué le hablo.
Hay varias entradas y tengo poco tiempo, el proceso seguramente me tomará unos días. Los talentosos programadores de bitacoras.com se las ingeniaron para importar blogs desde blogger, pero no para exportar hacia blogger.
Hay varias entradas y tengo poco tiempo, el proceso seguramente me tomará unos días. Los talentosos programadores de bitacoras.com se las ingeniaron para importar blogs desde blogger, pero no para exportar hacia blogger.
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